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miércoles, febrero 24, 2010

Cambio climático en los medios masivos


Por suerte, las lluvias como las que padecimos estos últimos días en Buenos Aires no caen en vano y comienzan a generar conciencia sobre la realidad del cambio climático. Ayer, Ernesto Tenembaum comenzó su programa Palabras más, palabras menos con una entrevista a Carolina Vera, doctora en Ciencias de la Atmósfera, profesora adjunta en el Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y a Antonio Brailovsky, profesor de Economía Ambiental.

El debate giró entorno a la pregunta acerda de si debemos preocuparnos o no. La respuesta unánime fue que sí y que hay que trabajar tanto en la mitigación (de emisiones de gases de efecto invernadero) y en la adaptación (obras y medidas de contingencia para los fenómenos naturales más extremos). Esperemos que el tema siga presente en los medios y llegue a la conciencia no sólo de los ciudadanos sino también de funcionarios y empresarios, quienes tienen el poder para realizar cambios significativos.

Para abrir y cerrar la entrevista, Tenembaum mostró un par de publicidades que intentan generar conciencia. Aquí abajo pueden ver una de ellas.


lunes, febrero 22, 2010

Pororoca porteña

El viernes pasado una ola de agua de lluvia explotó en Palermo y un vecino lo captó con su cámara. Esperemos que hoy no haya pasado lo mismo.

jueves, marzo 06, 2008

Londres

Si alguno estuvo en la fantástica capital británica por más de una semana y vive en Buenos Aires quizás entienda este título. Si no lo entienden los ayudo, ¡¿cuándo va a parar de llover?!

miércoles, abril 18, 2007

Océano Pacífico

Pasados por agua. ¿El tema de las inundaciones se filtrará en la campaña?


Una vez más el regreso a casa fue un caos, pero en este caso adoptó ribetes épicos y generó más de una sorpresa. Las primeras gotas causaron una nueva suspensión del servicio de mis amigos de Metrovías. Sin dar crédito a una nueva interrupción intenté adentrarme al subterráneo en la estación Pueyrredón de la línea D pero el pasillo parecía un arroyo entubado.


Resignado a tener que trasladarme por la superficie, puse proa hacia Marcelo T. de Alvear y me encontré con un gran embotellamiento. Como tenía paraguas decidir avanzar a pie para ver si el nudo se desataba pero a las pocas cuadras me encontré con la causa del tumulto: un auto incendiado (sí! sí! a pesar del agua se prendió fuego).


Seguí caminando por la arteria desierta tras el corte efectuado por los bomberos hasta que la desolación me decidió a buscar algún colectivo en una calle paralela. En ese trance, me topé con un interno de la línea 68 que tuvo la deferencia de abrir sus puertas y receptarme en su interior semivacío, a causa del forzoso cambio de recorrido. A los pocos metros, cuando el transporte regresó a su cauce normal, una horda de peatones empapados ascendió profesnado reproches y vituperios al conductor por la falta de servicio en el recorrido original.


La travesía en el 68 fue tan placentera como breve. Llegados a Plaza Italia, el gran embotellamiento y los rumores de que vecinos enojados habían cortado Juan B. Justo inclinaron al conductor a optar por interrumpir el servicio y anunciar un temprano regreso a Once. Resignado, descendí del invento argentino y emprendí la marcha hacia los supuestos ciudadanos enardecidos.


Cuando llegué al cruce de las Avenidas Santa Fe y Juan B. Justo comprendí que los vecinos enojados no existían, pero sí era real una galleta de vehículos más impresionante que todas las que ya había visto en la hora y media que llevaba intentando regresar a mi hogar.


Sin embargo, lo más sorprendente vino después, cuando destrás del enjambre vehicular percibí el mar que bañaba ambas orillas de la avenida. Rápidamente comprendí que el Océano Pacífico no es el que baña las costas de Chile, Perú, Colombia y el resto de los países del extemo occidental del continente americano, sino que el Oceáno Pacífico era ese que estaba ahí... frente a mis ojos, en el corazón de Pacífico.


Cuando comprendí que sólo Jesús o el pueblo elegido pueden atravesar un mar caminando (por arriba o por el medio) abordé un 152 que parecía decidido a intentar el cruce de las aguas. La galleta impidió la epopeya y a cambio el conductor decidió hacer un rodeo por Bulrich, Cerviño y Dorrego para arribar a la apacible Luis María Campos no sin antes llevarse puesto el paragolpes de un auto mal estacionado.


La calma llegó cuando vislumbramos Cabildo, ascendiendo a las patinadas por el empedrado de Maure y el broche de oro lo puso un pasajero que pidió "un aplauso para el chofer" que casi todos los ocupantes del colectivo tributaron sonrientes.