
Así como alguna vez elogié el servicio de la empresa de accesorios para bebes y niños Chicco, hoy voy a comentar el servicio de una empresa que se quedó a mitad de camino. Hace un año, mi mujer y mis hijas me regalaron unas muy lindas zapatillas Bensimon, esas que se cierran con tiras de velcro. A los pocos meses, las suelas de las zapatillas se despegaron.
Mi mujer fue a cambiarlas al mismo local en el que las compró y la gente de Bensimon enseguida reconoció el error de fábrica (comentando que les habían devuelto varios pares) y repuso el par con uno igual. Ante la lógica consulta de mi mujer, respondieron que en caso de persistir la falla volverían a reemplazar las zapatillas por unas nuevas.
Algunos meses después, la falla volvió a aparecer y concurrí al mismo local con las zapatillas. La actitud en este caso fue distinta. Primero me pidieron la factura (un año después!) y luego me dijeron que les dejara las zapatillas para que las envíen a la fábrica. Hoy fui a ver qué pasaba y me dijeron que de fábrica las mandaron de vuelta y que no las iban a cambiar. No tenía ganas de discutir y estaba apurado, así que agarré las zapatillas y me fui con la sensación de que Bensimon se quedó a mitad de camino.